En la imparable transformación profesional y laboral, en la que nos encontramos inmersos, (aunque hay mucha gente que aun no se ha enterado) empiezan a caer estereotipos sociales y de comportamiento y las nuevas generaciones que irrumpen en el mercado laboral aportan sistema de trabajo y relación apoyados por la nuevas tecnologías y las corrientes colaborativas y de redarquia, nuevos modelos de trabajo. Uno de ellos es el “Homeworking”.
En la búsqueda de una mayor eficiencia profesional, mayor ahorro de costes, mejora de la calidad de vida, estructuras que proporcionen una mayor flexibilidad a trabajadores, proveedores y clientes, apoyadas por las herramientas que ofrece internet hoy, posibilitan y refuerzan trabajar desde lugares remotos, existen multitud de personas que podrían y de hecho pueden, desempeñar prácticamente la totalidad de su trabajo desde la comodidad de su casa.
En muchos casos, la falta de “cultura” en este tipo de relaciones profesionales, lleva a mantener costosas estructura con un alto coste económico y social, perdiendo competitividad y flexibilidad.
Existen en nuestra sociedad, absurdos convencionalismos sobre la ineludible presencia física en el lugar de trabajo, en una relación mal entendida, en la que parece que lo importante es la presencia física, en lugar de la productividad y la eficiencia.
Las ventajas del Homeworking son innegables, en una sociedad de colaboradores comprometidos, que tienen claro que su aportación a la empresa es de valor y no de tiempo.
Las herramientas colaborativas gratuitas que nos ofrece Google, los sistemas de video conferencia gratuita de Skipe, las redes sociales profesionales, el correo electrónico, twitter, etc. Nos mantiene en permanente contacto con el exterior.
Todo ello nos permite trabajar desde lugares remotos, con la misma eficiencia que si estuviéramos en una oficina, sin los enormes coste que ello conlleva, las dos horas, de media que un trabajador destina en ir y volver de su hogar a su puesto de trabajo, la rigidez del cumplimiento de los horarios, la enorme dificultad de conciliar vida personal y profesional debida a unos horarios inflexibles y encorsetantes, etc.
El Homeworking mejora la calidad de vida y consecuentemente la eficiencia y eficacia en el trabajo, atrae “Talento” a la organización, reduce los costes de transacción y aporta una mayor competitividad y una mejor respuesta a los cambios, fideliza e integra a los colaboradores al retribuirles con un mayor salario emocional y permitirles una mejor conciliación.
J.Cuni
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